La esfera, potente símbolo arcaico, contiene el inicio y el final de la vida y Deredia conjuga en su creación las antiguas culturas precolombinas, que forman parte de su ADN, con sus formas futurísticas ricas de significados simbólicos que, partiendo de la semilla-esfera, se transmuta en figura humana femenina, casi de carne y de piel, fenómeno vivo, fuerza del ser, síntesis de opuestos y de la armonía del universo.
El “escultor filósofo” costarricense propone una incansable investigación del arte como metáfora de la existencia y representación de la energía cósmica.
En los años 1980-86 estudia arquitectura en Florencia en donde con admiración penetra en las artes “perfectas” del Renacimiento, viviendo, meditando y recorriendo otras perfecciones y otras memorias históricas.
En sus obras se visualizan los arquetipos ancestrales de la civilización precolombina del antiguo pueblo Boruca, asimilados y compenetrados con las reglas de armonía de Piero della Francesca, Leon Battista Alberti y Leonardo.
El artista recorre su propio trayecto entre la especulación filosófica sobre “ La Génesis ” de la vida y la materia (mármol blanco, granito negro) que, como energía latente, secreta y por descifrar, se libera en una sucesión de formas cada vez más evolucionadas y perfectas.
El círculo y la esfera son para Deredia paradigmas fundamentales, que se dividen en arcos, semiesferas, esferas múltiples, alusivas al eterno femenino y a la potencia creadora de la tierra, como madre.
De mármol blanco o de granito negro, con acabados finos semejantes a la seda o en parte cinceladas, las figuras de Deredia, redondeadas, envueltas en un abrazo creador o cerradas en una reservada virginidad , comunican la lección eterna del tiempo, la sucesión de las estaciones, las fases de la luna, los meses – uno detrás del otro, uno dentro del otro, - las gestaciones; el nacimiento.
El evento, sagrado, misterioso, continuamente llevado a la luz por Deredia es el devenir representado con robusta masculinidad y a la vez delicado, simbólico, con femenina preñez.
El artista explica la diversidad del tratamiento técnico de las superficies marmóreas de sus Génesis como el producto de la reflexión sobre las reglas de las artes del Renacimiento y en especial de los palacios históricos de Florencia (palazzo Medici Riccardi, palazzo Rucellai...), que Deredia transfiere en sus composiciones alternando superficies escabrosas y superficies perfectamente pulidas, suscitando una reacción táctil inmediata como respuesta a la percepción óptica. Esta carnalidad de la forma que envuelve y dialoga es exaltada por la escogencia técnica en donde la antigua, eterna y tosca materia primigenia viene plasmada en una continua transmutación, hasta alcanzar una totalidad de luz capaz de despojar la materia de su propio peso, transformándola en substancia flotante en el espacio.
La piel humana, “in albis” arrugada y estratificada, tensa y brillante en la juventud, y nuevamente arrugada, dura, marcada, en la vejez, se encuentra continuamente en las luminosas superficies marmóreas que la mano de Deredia forja y, como él mismo escribe, “ la transformación del mármol y del bronce es una metáfora del proceso sin tiempo de la transmutación del cosmos”.
La exposición se desarrolla en la “Limonaia Grande de Zanobi del Rosso”, de linearidad neoclásica, con una luz tenue y viva a la vez.
El jardín de Boboli, museo viviente de plantas, decoraciones verdes, construcciones arquitectónicas, estatuas y grutas, se convierte en el Edén en donde meditar sobre el génesis del mundo y de sus criaturas. Al ser él mismo obra de arte, esta exposición perpetúa la vocación del jardín de generar arte y de mostrar el sentido del arte, en un continuo, histórico y cerrado documental, recorrido por imágenes privilegiadas del cosmos.
Litta M. Medri
Direttrice del Giardino di Boboli